Testimonio de una voluntaria internacional

María Fernanda Vitola: "Llegué con la expectativa de que iba a ayudar, pero fui yo la que recibí mucho más "




​22 de agosto de 2018
En este 2018, ocho voluntarios de Venezuela fueron escogidos para ser embajadores de nuestro país en diferentes proyectos internacionales de índole social y educativa en localidades de Latinoamérica y Asia.
Los seleccionados tuvieron la oportunidad de donar sus días de vacaciones en pro de servir a otros, cumpliendo labores de infraestructura e impartiendo talleres con temas que pudieran aportar valor a la comunidad atendida.
María Fernanda Vitola fue una de las primeras en partir a su aventura solidaria. Desde 2013 se integró a nuestra familia cuando empezó contratada en el área de Sistema de Soporte a la Operación en la Vicepresidencia de Tecnología; a finales de ese mismo año, pasó a formar parte de Telefónica como especialista de Desarrollo. Dos años después fue promovida a líder, desde donde actualmente gestiona la parte de sistemas que brinda apoyo al área de redes y a la operación.
Desde sus inicios le llamaba la atención el voluntariado y apenas ingresó a nuestra plantilla decidió materializar su vocación. Sin embargo, su labor social se remonta a sus años de estudios, en los que daba clases de programación y tecnología a niños.
Su primera actividad como Voluntario Telefónica fue una entrega de regalos de Navidad a los pequeños de Proniño, experiencia que recuerda con mucho cariño. Hasta el día de hoy permanece como una de sus preferidas.
A lo largo de los años, el compromiso fue aumentando, y por otros compañeros escuchó hablar de experiencias en Vacaciones Solidarias. María Fernanda sintió la necesidad de expandir su apoyo a otras fronteras, así que decidió postularse para emprender el viaje que cambiaría su vida.
Salió de Maiquetía en compañía de otra colaboradora de Telefónica Venezolana, Isdalys González, asistente Legal. Su avión se dirigió rumbo a Panamá, lugar de encuentro con otros voluntarios que las reconocieron por la icónica franela azul que portaban. De ahí siguieron a su destino final: Quito, Ecuador, en donde se reunieron con compañeros locales y de otros nueve países: Alemania, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, España, Holanda y México.
En Quito, los días comenzaban a las 5:30 a.m., para poder tomar el autobús que los llevaría a la parroquia de Conocoto, en donde se ubican las instalaciones de Fundación Aliñambi, una organización encargada de ofrecer alojo, comida y educación a niños de la comunidad que se encuentran en situación vulnerable.
La labor: instaurar ProFuturo, una iniciativa que lleva Educación Digital a niños de entornos vulnerables  a través de servidores, que cuentan con contenidos educativos y maletas, cargadas de dispositivos y conexión para acercar la tecnología a escuelas de sectores populares.
Diariamente, en las mañanas se instruía a los niños sobre el uso del equipamiento ProFuturo, luego se realizaba algún deporte o se entretenían con algún juego tradicional, y para finalizar recibían, junto a los pequeños, clases teóricas de huerto. Adicionalmente, en las tardes los voluntarios colaboraban con la recuperación de ese espacio, que serviría para aprovisionar a la fundación de alimentos que pudieran sembrar ellos mismos.
María Fernanda define la experiencia como un antes y un después en su vida. Al hablar de sus días en Conocoto, recuerda a los niños que a diario venían corriendo al autobús a darles la bienvenida a sus “tíos”, sobrenombre de cariño que le dieron a los voluntarios. “Llegué con la expectativa de que iba a ayudar, pero fui yo la que recibí mucho más”, concluyó.